19.8.20

Midway - Roland Emerich

 Otro ejemplo de triunfalismo americano que, en los tiempos que corren, tiene que obligarse a un mínimo de revisionismo y de cortesía hacia los vencidos, esta vez los japoneses. 

De nuevo asistimos a una muestra más de la épica norteamericana que narra su relato de la segunda guerra mundial. Siempre me fascinó el desfile de cazas de combate, portaaviones, cruceros, tropas desembarcando allí o allá. Toda esa parafernalia belicista que nos ha acompañado durante casi un siglo y que ha determinado la ideología de la excepcionalidad americana.

Roland Emerich trata de elaborar una historia sobre la valentía, ferocidad y heroísmo que marcaron una de las batallas más importantes de la Segunda Guerra Mundial. Pero siendo honestos, en la época en la que vivimos, con todos nuestros nuevos retos, con toda la miseria dejada por las acciones de "la generación más grande", lo que se relata en esta historia no deja de ser aburrido, patético o lamentable. Ni el supuesto reconocimiento del papel japonés en la batalla, pueden esconder el hecho de que nos hallamos a un Independence Day con japoneses en vez de extraterrestres con los consabidos tópicos recurrentes en ficciones de este tipo. No falta el gallardo y valiente soldado manifestando desdén por las ordenanzas, los cerebritos en retaguardia reconocidos como piezas fundamentales de la historia o los altos mandos que reconocen y aplauden actitudes en un principio inadecuadas por la conducta militar. Todo es una celebración del excepcionalismo americano de nuevo cuño que ahora mismo es innecesario, un relato vacío de sentido y que sólo funciona como parte de la elaboración de un relato mitológico de aquella Segunda guerra Mundial que nos ha sepultado a generaciones posteriores. Es el momento de decir bien alto que esa guerra la perdió la Humanidad al perder el rumbo, al ver como civilizaciones con siglos de evolución intelectual se precipitaban a la oscuridad y como la nueva nación triunfante iba a ser la punta de flecha de una decadencia sin precedentes marcada por la cruelada, la indiferencia y la codicia.

Midway no habla de estas cosas, por supuesto, pero al final esto es lo que nos queda de aquella época en la que fracasamos como especie al arrojarnos sin pensar al abismo del conflicto permanente.

18.8.20

El Hombre en el Castillo - Serie - Amazon Prime Vídeo

 

A veces, en un momento de especulación aterradora nos preguntamos ¿Qué hubiese sido del mundo si el eje Alemania-Japón hubiese ganado la Segunda Guerra Mundial?. Una respuesta imaginativa y muy bien elaborada la contesta esta serie tan peculiar.

La acción comienza precisamente con la misma pregunta enunciada desde el otro lado, nuestros protagonistas descubren unos rollos de película en los que los aliados ganan la guerra. Su mundo, conformado por los Estados del Pacífico, la zona neutral y El Gran Reich Americano es una pesadilla en la que el fascismo y militarismo han acabado implantándose en todo el planeta. Los avances tecnológicos, la opresiva vida privada y las constantes persecuciones son la rutina de esta civilización que día a día tiene que vivir con los modos represivos que despliegan sus gobiernos. 

Desde esa propuesta la ficción cabalga de manera coral entre los personajes incidiendo en la humanidad de cada uno sin existir un villano cien por cien puro entre los antagonistas. Evidentemente existen los villanos recalcitrantes pero aparecen de forma secundaria como enemigos incluso de los "malvados" principales. En esta tesitura se incide en el origen de aquellos que son temidos durante la serie. Son más interesantes personajes que encarnan el poder del Reich o la represión nipona que los héroes que trazan el camino de la liberación. La historia que nos cuentan es múltiple y vemos en los engranajes de cada personaje una clave para la resolución de las distintas tramas. 

Precisamente en la consecución de la historia vemos como el tono cambia de lo humano o de lo social a lo puramente fantástico o de ciencia ficción. Pero lejos de desplazarse de manera banal lo hace integrando y dándole aún mayor peso a la evolución de los personajes principales. El desenlace, en mi opinión, se queda a medio gas ya que el despliegue de espectativas o de tensión acumulada acaba resolviéndose de forma acelerada y dejando en el aire multittud de cuestiones que en cierta medida el espectador tiene que responder tras el visionado. Pero no lo tomo como un defecto en sí, es una opción legítima invitar a la reflexión cuando ya se ha contado lo principal de la historia. Los autores no tienen por qué darnos el filete masticado, toda obra es susceptible de una lectura posterior y una obligada reflexión para que saquemos nuestras conclusiones.

A falta de leer la obra de Philip K. Dick, mi valoración es muy positiva, una serie que tiene mucho más que una trama de espionaje, cienc-ficción y guerra, siempre hay algo en el contexto que resuena en nuestro tiempo que nos invita a pensar en lo que tenemos.


Años luz

Cuadrerno De Bitácora. 

Capitán Delta Z. Cuatrocientos Diez

6585 Años tras el éxodo

 Años luz nos separan del Planeta Tierra. Escapamos de un planeta condenado por nosotros mismos para no encontrar nada. El camino era arriesgado y así se demostró cuando perdimos la mitad de la flota, incluidos los cruceros de Terraformación, con lo cual la esperanza de colonizar el planeta que ahora observo se hace  muy complicado. Cuando un científico te dice desde la distancia inabarcable de seis mil años que el éxito de la misión está garantizado, no puedes hacer otra cosa que reirte durante un buen rato. Hemos recorrido distancias jamás vistas y alguien pensó que todo sería como cualquier otro viaje de exploración, como cuando nuestros antepasados viajaban y encontraban tierra al borde de la extenuación. Nosotros viajamos a la deriva, sin rumbo, sin esperanza, desposeídos de todo arraigo en un par de naves que no van a ninguna parte. Hemos aceptado el quedarnos aquí, en este sistema yermo, esperando que este sol se apague y emprendamos el siguiente viaje. Pero no estamos exentos de riesgos, no estamos libres de que un error, un accidente o una pequeña llama acabe con lo que queda de Humanidad. Me gustaría decir que con nuestra partida otros seres vendrán y descubrirán la Tierra y sus restos o que más allá de estos confines vendrán otros que no cometan nuestros errores o que tengan éxito en su evolución inteligente. Pero seis mil años de búsqueda, de balizas perdidas, sondas enviadas y confianza desperdiciada en creer, a la desesperada, que alguien, hostil o amistoso, viniese a nuestro encuentro, han dado al traste con cualquier tipo de esperanza. Al final esa pregunta tan sencilla y tan inocente se ve contestada con el peso de milenios de experiencia. No hay nadie más ahí fuera. Puede que en remotas galaxias exista algún ser incipiente, dispuesto a avanzar en la evolución... pero está tan lejos que ni lo vislumbramos, es lo mismo que decir que estamos completamente solos. A veces creo que es esta situación, cuando el Ser Humano ha fracasado en todas sus intenciones de exploración, de ciencia, de sociedad, lo mejor es dejar de lado toda pretensión y acabar con todo. Dar un último salto hacia este sol y consumir el último aliento que queda de nuestra supervivencia. Tengo en mis manos la ocasión de hacerlo, pero aún hoy, perdida toda esperanza, mantengo esta posición, engañando a todos aquellos que creen que todo será mejor en una próxima generación. Les miento y mientras aguanto esa mentira, se apaga toda esperanza.

Sistema: Helios Blue Star 658


15.8.20

El Colapso - Les Parasites - 2019

 De vez en cuando el mundo de la televisión trae pequeñas maravillas a nuestros ojos, y aunque esas maravillas duelan, inquieten o angustien, su atracción e hipnotismo hacen que no seamos capaces de despegarnos de la pantalla.

El Colapso cuenta, en ocho episodios de unos veinticinco minutos, situaciones límite que se vivirían en el hipotético (aunque muy probable) fin de la civilización. En unos elegantes planos secuencia que nos atrapan aún más en cada historia somos testigos de la caída de nuestra Gran Mentira consumista. Desabastecimiento, abandono, supervivencia extrema... los personajes se van rodeando de dificultades y poco a poco van sacando lo peor que guardamos dentro. Mientras vemos como el mundo va empeorando los protagonistas van viajando a situaciones límite que no hacen más que dejar patente que nuestra civilización está cimentada en la codicia, el egoísmo y la desconfianza. No somos una especie evolucionada, tan solo hemos logrado alcanzar cierto grado de sofisticación tecnológica dejando a un lado cualquier reflexión sobre nuestro papel como seres conectados por el invisible vínculo de nuestra condición humana. La serie nos va dejando ver punto por punto los casos en los que fallamos como sociedad, como la tecnología creada se nos echa encima, como finalmente siempre sobrevive el más hijo de puta y de qué manera un oasis se convierte en espejismo bajo el prisma de la desconfianza. Incluso la humanidad más descarnada, la piedad más agónica se mira con ojos de resignación. Todo puesto sobre la mesa, con una mirada atónita sin pestañear. Y como traca final un epílogo a modo de prólogo de la catástrofe, un testimonio duro, desgarrador e impaciente que se convierte en humo, en señales de humo que pasan inadvertidas en un mundo que hasta el último segundo, cree que es infinito.

Una serie así es tan alarmante como necesaria. Llevo pensando en este tipo de situaciones demasiado tiempo, y a medida que amanece un nuevo día me pregunto si estamos más cerca del golpe, porque la certeza es que seguimos cayendo. 

14.8.20

La Era del Ocaso

Nos encontramos en una época de lo más convulsa. Por primera vez vemos el mundo echar el cierre a locales que nunca creíamos ver con ese cartel. Los bares y las discotecas apagan la fiesta pero unos pocos rebeldes no se resignan y en su valentía propagan enfermedades por imprudencia. No les culpo, la juventud es siempre imprudente y quizá esos gestos en principio irresponsables ayuden a pasar este mal trago epidémico. Pero no todo es coronavirus en esta vida. Junto a la pandemia seguimos agarraditos al cambio climático y al calentamiento global. ¿Qué más podemos añadir a la cesta del apocalipsis escalonado que vivimos? Bueno, siempre está la crisis política, el ascenso de los fascismos y de la crispación sistemática. Bloques que vuelven a ser adalides de una más que inminente guerra fría, la sombra del colapso proyectándose a la luz del desvergonzado sistema en el que vivimos en el que la superpoblación, la pobreza y las éticas del "hoy para hoy que mañana ya veremos" acabarán por llevarnos al final dde la civilización. Sólo espero que aquellos con la oportunidad de salvarse, esos ricachones parapetados piensen de verdad en lo que hay que preservar. Sé que yo seré pasto del polvo y los escombros pero espero que en alguna parte exista un magnate que reflexione sobre la supervivencia del Ser Humano. Lo que es cierto es que ni yo ni mi hija ni el noventa y cinco por ciento de la población veremos el próximo capítulo. Pero espero que merzca la pena.